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12/16/2009

Sucesos desafortunados

Tengo tanto enojo que siento náuseas. Experimento un desprecio tal que voy a vomitar los restos deshechos de esta sociedad indigesta y los voy a dejar flotando en el caldo viscoso de su propia podredumbre… No pasará mucho tiempo hasta que aparezca algún infeliz y devore esos restos –extasiado- como si se tratase del más delicado manjar, mientras sus ojos me devolverán una mirada de agradecimiento por haberle ofrecido parte de esa eyaculación miserable y fétida… Entonces yo le diré con dulzura: “No necesitas agradecerme, hermano mío, mi alma bella no hizo más que devolverte parte de lo que me has dado”.

Fragmento de La magnífica batuta del Director, de Humberto Dib.

10/20/2008

La paciencia de Ariadna llegó a su límite

Perder a C. fue como si un ciego hubiese perdido su perro lazarillo en el medio de una avenida... fue como perderme a mí mismo... fue como perder todo... fue perder, de golpe, el don de percibir los colores; y esto lo digo casi literalmente, pues el sol había dejado de tener su habitual brillo para mí. Todo parecía lavado por un jabón de pésima calidad. Y digo "perder" porque, en realidad, yo la perdí en el laberinto de mis vaivenes y ni siquiera le tendí un hilo para que encontrase la salida.

Fragmento de "Habitación Disponible", en Habitación Disponible, de Humberto Dib.