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6/18/2010

Agujero sin fondo


José, ¿por qué te fuiste? Te escribo a los zarpazos. Pisamos empedrados de pena y le dijeron a tu Pilar que con las lágrimas que se están vertiendo ahora se podrían apagar todas las sequías del mundo. Ese fue tu mester siempre: apagar las sequías del alma y del espíritu. Se acabó tu respirar, pero no las tareas que dejaste: escribir a la vida y reescribirla. Te veo en la estación siguiente del dolor, entero, solidario, generoso, ofendido por el daño al otro, de nacionalidad humano. ¿Por qué te fuiste, José? ¿Cómo arreglamos este agujero sin fondo?

Por Juan Gelman.

1/18/2010

True lies

Los humanos son universalmente conocidos como los únicos animales capaces de mentir, siendo cierto que si a veces lo hacen por miedo, y a veces por interés, también a veces lo hacen porque comprenden a tiempo que ésa es la única manera a su alcance de defender la verdad.

Fragmento de Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago.

12/11/2009

Mejor no preguntar(se)

Cómo ha sido, cómo ha sido, es una idea que siempre nos acude ante lo que ya no tiene remedio, preguntar a los otros cómo fue, desesperada e inútil manera de distraer el momento en que tendremos que aceptar la verdad, es eso, queremos saber cómo fue, y es como si todavía pudiésemos poner en el lugar de la muerte, la vida, en el lugar de lo que fue, lo que podría haber sido.

Fragmento de El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago.

8/21/2008

Intertextualidad

Jesús muere, muere, y ya va dejando la vida, cuando de pronto el cielo se abre de par en par por encima de su cabeza, y Dios aparece, vestido como estuvo en la barca, y su voz resuena por toda la tierra diciendo, Tú eres mi Hijo muy amado, en ti pongo toda mi complacencia. Entonces comprendió Jesús que vino traído al engaño como se lleva al cordero al sacrificio, que su vida fue trazada desde el principio de los principios para morir así, y, trayéndole la memoria el río de sangre y de sufrimiento que de su lado nacerá e inundará toda la tierra, clamó al cielo abierto donde Dios sonreía, Hombres, perdonadle, porque él no sabe lo que hizo.

Fragmento de El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago.


Y el mensajero murió de la misma manera como había vivido, como había enseñado; no para salvar a los hombres, sino para mostrar cómo se debe vivir. Lo que dejó a los hombres fue la práctica: su actitud delante de los jueces, de los verdugos, de los acusadores, ante toda clase de calumnias y ultrajes, su actitud en la cruz. No defiende su derecho, no opone resistencia, no da un paso para alejar de sí la cosa fatal, antes bien, la provoca. Ama a los que le hacen daño; sufre y reza. Un resumen completo del Evangelio, aparece en la respuesta dada por el Salvador al ladrón que ha dicho: "Este hombre es un ser divino, un verdadero hijo de Dios"; a lo que él contesta: "Si verdaderamente sientes lo que dices, ya estás en el Paraíso, porque también tú eres hijo de Dios". No defenderse, no montar en ira, no hacer a nadie responsable... Pero también no hacer resistencia al mal; amar el mal...

Capítulo XXXV, en El anticristo, de Friedrich Nietzsche.

6/27/2008

José

Se alegró José en su corazón porque, sin confesarlo, le intimidaba la idea de tener que enfrentarse a solas con su mujer, por aquel su modo particular de estar ahora, con los ojos bajos, es cierto, según manda la discreción, pero también con una evidente expresión provocativa, la expresión de quien sabe más de lo que tiene intención de decir, pero quiere que se le note. En verdad, en verdad os digo, no hay límites para la maldad de las mujeres, sobre todo de las más inocentes.

Fragmento de El evangelio según Jesucristo, de José Saramago.

4/24/2008

Ver, no mirar


- ¿Por qué nos hemos quedado ciegos?
- No lo sé, quizá algún día lleguemos a saber la razón.
- ¿Quieres que te diga lo que estoy pensando?
- Dime.
- Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos.
- ¿Ciegos que ven?
- Ciegos que, viendo, no ven.

La mujer del médico se levantó, se acercó a la ventana. Miró hacia abajo, a la calle cubierta de basura, a las personas que gritaban y cantaban. Luego alzó la cabeza al cielo y lo vio todo blanco. "Ahora me toca a mí", pensó. El miedo súbito le hizo bajar los ojos. La ciudad aún estaba allí.

Fragmento de "Ensayo sobre la ceguera", de José Saramago.